domingo, 25 de octubre de 2009


La realidad marchita mis pupilas

al buscarte junto a mí al despertar,

y esta mañana junto a mi cama,

el fantasma de tu voz no estaba más.


La esperanza que me había revivido

se hizo amargura de lo que nunca ocurrirá,

y me espera al final de este camino

el tren nefasto de los que nunca han de triunfar.


Entonces...

lo que pensé que ocurriría, ocurrió...

¡ Una vez más viví en una fantasía

de la que la envidiosa realidad me despertó!
Y ahora que me veo condenada a vivir de un simulacro
del que aquél me iba a alejar,
me encuentro encerrada en el infierno,
sólo me queda el oficio de engañar.









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