
La realidad marchita mis pupilas
al buscarte junto a mí al despertar,
y esta mañana junto a mi cama,
el fantasma de tu voz no estaba más.
La esperanza que me había revivido
se hizo amargura de lo que nunca ocurrirá,
y me espera al final de este camino
el tren nefasto de los que nunca han de triunfar.
Entonces...
lo que pensé que ocurriría, ocurrió...
¡ Una vez más viví en una fantasía
de la que la envidiosa realidad me despertó!
Y ahora que me veo condenada a vivir de un simulacro
del que aquél me iba a alejar,
me encuentro encerrada en el infierno,
sólo me queda el oficio de engañar.
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