lunes, 29 de septiembre de 2008

Pequeña historia


Tengo la fortuna de haber acumulado, a lo corto de mi vida, historias.

Algunas parecerán minúsculas, pero es lo minúsculo lo que quiero resaltar.

La historia humana se empapa de grandes proezas y nadie tomaría por trascendentes mis "naderías."No intento desmerecer a quienes dieron la vida por ser fieles a sus ideales, pero me gustaría que se vea todo el bosque, no sólo sus árboles.

Esto es algo que realmente ocurrío y me dejó algunas enseñanzas.

Tenía yo mas o menos ocho años, sepan disculpar mis inexactitudes. Iba al colegio y tenía doble turno. Como vivía (y aun vivo) frente a la escuela, Volvía al mediodía a casa a comer.

Aprovechaba para jugar...era primavera y solía sentarmeen el balcón a mirar las hormiguitas de las macetas y seguir sus excursiones.

Un mediodía, mientras estaba absorta en los movimientos de los pequeños insextos, encontré, entre dos de las macetas, tirada, una mariposa.

Sus alas eran naranja, con dos lunares en cada una y los bordes tenian delicados dibujos.

Mire muy de cerca a la mariposa y al verla inmóvil, sospeché que estaba muerta.

Pero al acariciarla, movío sus pequeñas y coloridas alas. Un suspiro de alivio escapó de mis labios, estaba realmente feliz de encontrarla viva.

La coloqué en una de mis manos y trás intentar hacerla volar, me dí cuenta que una de las alitas de la mariposa estaba lastimada.

Me acongojé mucho...ella tenía algo mágico y estaba roto. Imagínense la libertad de sentir el viento contra el cuerpo, volando alrededor de los pinos, a través de las nubes...poder estar cerca de la luna en las noches y que las estrellas se dibujen en sus cuerpos ¿Será que es el privilegio de los seres más pequeños poder volar?

Pensé "¿qué podría hacer con ella?"...dejarla en el piso expuesta a que las hormigas rojas la mataran no podía...además si una correntada de viento pasase la lastimaría, golpeándola contra edificios, autos...en fin. La llevé a mi dormitorio y en mi escritorio coloqué una casita de muñecas y algunos juguetes pequeños para que se sintiera a gusto. Pero deparé en que mi pequeña amiga extrañaría su libertad, aún estando en mi habitación, quería verla a gusto.

Volví al balcón y busqué una maceta que tuviera una flor bonita y la llevé al escritorio. Subí a mi mariposa (la llamo mía sólo porque la quise mucho, no porque me sienta dueña) a su casita en el escritorio y al llegar a la flor, movió sus alas. Me pareció verla lamer un poco de pólen.

Así fue como llegó a mi vida. En el colegio, yo deseaba salir rapido para estar con ella y cada tarde la hallaba en el escritorio. A veces se posaba en la casita de muñecas y otras en la flor.

Pude comprobar que las mariposas no viven sólo un día.

Trás cuatro o cinco, una tarde llegué de la escuela y corrí a mi habitación, al llegar al escritorio, mi amiguita estaba recostada. La toqué, so´plé suavemente y ninguna respuesta obtuve. La pequeña mariposa había muerto. Lloré amargamente, porque la quería y aún hoy la quiero.

Pero me dí cuenta de que...para los adultos estaba muerta. Para mí, ella dormía y tenía sueños tan bellos que no deseaba abrir sus ojitos.

Los adultos consideran estúpida mi teoría porque no cuidan mariposas ni imaginan dibujos en las nubes. No pretendo que comprendan que mi mariposa se quedó dormida.

Había un libro al que yo amo por su contenido (se llama "Una niña anticuada" de Louisa May Alcott) y cuidadosamente puse a la mariposa dentro de él.

Leí el libro muchas veces más y al encontrarme con mi amiga, le doy unas caricias y esa página se torna mas dulce.

¿Por qué nadie consideraría importante mi historia y no podrían entender por qué es tan importante una mariposa?

Dejo esta historia escrita, para recordarla una vez más y recordare la importancia de lo que parece pequeño.


27/09/2008 Dedicado a mi mariposa, quien dejó grandes enseñanzas y bellos recuerdos en mi corazón


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